En mi orillita
Ahí en la orilla, ocho de la mañana.Sentada con la música a todo volumen, el alcohol rebasando las cejas y sola como las locas.
Sonriendo sin parar, sin poder parar. Riendo unas veces en voz alta y carcajeándome por dentro otras. Rememorando las últimas horas. -No puedo creérlo-, me repito.
Y sonrío cada vez más.
Me siento feliz por primera vez en mucho, mucho tiempo. De hecho, creo que nunca me he sentido así.
Que paz.
Que silencio en medio de tanta ola rota, entre tanto quejido de ladrillos rotos.
-Cerrando etapas- pienso. Y esta vez, me carcajeo de mí misma.
De vez en cuando acuden los recuerdos de las ausencias, las mínimas lágrimas que intentan resbalar por las mejillas sin éxito.
Pasa el tiempo mientras oscurece y los gusanos comienzan a devorarme las tripas. Cada mordisco más fuerte.
Ya no sonrío tanto.
Unas horas más tarde ya no siento el silencio, solo la nostalgia.
Sin poder evitarlo, ha llegado la tristeza con las primeras nubes de tormenta. -No pensé que me fuera a sentir así- vuelvo a pensar. -Te jodes- me recrimino.
Ahora, ya no río. No hay motivo.
Observo desde el tejado los aviones sobrevolarme, a la vez que las culebras que han crecido en mi estómago, van devorando una a una la mariposas que una noche de algún año, tragué sin darme cuenta.

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